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Antoni Nomdedeu Rull: “¿Puedo aprender cómo se usa el vocabulario con los diccionarios de aprendizaje?” (18/09/2014)

Comunicaciones  - 

XXV Congreso Internacional de ASELE (del 17 al 20 de septiembre de 2014 en la Universidad Carlos III de Madrid).

El objetivo de esta comunicación es presentar los datos que demuestran que los diccionarios de aprendizaje existentes para que los aprendices de ELE adquieran de manera autónoma el uso del vocabulario en español no reflejan el verdadero uso de las voces, lo que dificulta sobremanera que puedan aprender cuestiones relativas a la competencia pragmática con el uso del diccionario. Para ejemplificarlo, me centraré en el análisis de la ideología presente en las informaciones sobre cómo se usan las palabras vulgares en dichos diccionarios en correspondencia con los datos acerca del uso del vocabulario y de las palabras que se usan y que aparecen, por ejemplo, en corpus, listados de frecuencias, índices de disponibilidad léxica, listados de las palabras más buscadas en Internet e incluso de las más buscadas en el DRAE. De este modo, podrá observarse si los aprendices de ELE pueden aprender cómo se emplea el vocabulario que se usa en español por medio de la consulta de los diccionarios de aprendizaje.

En los últimos 25 años, los lexicógrafos han tomado conciencia, por un lado, de la importancia de elaborar diccionarios específicos para un tipo de usuarios con necesidades concretas y, por el otro, de que el diccionario es un instrumento didáctico fundamental para que el alumno pueda mejorar el aprendizaje de la lengua de manera más completa, sobre todo por lo que se refiere al aprendizaje del léxico, y no sólo con el uso de manuales. Con el uso del diccionario, los aprendices de ELE puedan dar respuesta del modo más eficaz posible y con cierta independencia a sus necesidades (autonomía de aprendizaje), aún a sabiendas de que en el diccionario no se hallan siempre todas las respuestas a las cuestiones planteadas. Los resultados de todo ello han sido parcialmente satisfactorios y puede afirmarse que desde los años 90 del siglo XX el idioma español dispone de diccionarios escolares mejores.

Con todo, en nuestros diccionarios existe una serie de cuestiones ideológicas subyacentes que en la mayoría de los casos encuentra respuesta en las decisiones lexicográficas tomadas desde el principio según el cual hay registros elevados y registros bajos. El hecho de que los diccionarios españoles hayan solido indicar la información pragmática mediante marcas de uso y no por medio de notas aclaratorias poco contribuye a cambiar esta situación. De este modo, se han reducido las informaciones relativas a las palabras con restricciones. Los múltiples análisis realizados sobre la presencia de las diferentes marcas diafásicas (de las que despectivo y peyorativo son las más empleadas) y diastráticas (coloquial, elevado, familiar, formal, informal, popular, rural o vulgar) usadas en los diccionarios han evidenciado que la información pragmática proporcionada es insuficiente y que no existe un acuerdo en Lexicografía a la hora de denominar y de establecer los diferentes niveles y registros. Los problemas que permiten explicar este desacuerdo son varios, pero sobresale el hecho de que el diccionario recoge el sistema y la Pragmática se ocupa de estudiar el lenguaje en uso.

En este estudio, se llega a la conclusión de que los diccionarios de aprendizaje existentes no indican adecuadamente el uso de las palabras a pesar de los avances realizados en las dos últimas décadas. A este respecto, se hace necesaria una profunda autocrítica si se quiere contribuir con el diccionario a que nuestros estudiantes de ELE resuelvan problemas relacionados con la comunicación, pues, por lo que se refiere al aprendizaje de las voces vulgares, los repertorios existentes muestran información insuficiente y moralizante. Si, además, queremos contribuir a que aumenten sus conocimientos, debemos alejarnos de ciertas premisas del pasado, constituidas a partir de una tradición lexicográfica determinada a partir de una conceptualización sesgada de la realidad y elaborada a partir de unas importantes dosis de intuición. Si pretendemos que nuestros alumnos de ELE consigan una buena competencia comunicativa, un diccionario didáctico debería explicar, entre otras cuestiones, cuándo es apropiado emplear las palabras y cuándo no lo es, cuál es la fuerza ilocutiva (tienen que servirles para expresar enfado, sorpresa, protesta, queja), la perlocutiva (tienen que saber reconocerlas como ofensivas o no ofensivas) o cuáles son las circunstancias que las envuelven, más allá de juzgar si las palabras son vulgares, malsonantes u obscenas. Las palabras no pertenecen a ningún registro ni a ningún nivel, se usan en uno de ellos.

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